De dónde venimos

En este artículo se hace un repaso de la mano del Dr. Juan José Torres, vocal de A.P. Rural del Colegio de Médicos de Badajoz, de los orígenes del profesional de Atención Primaria, que se remontan al año 1255

“Ningun ome obre de física sin no fuera antes aprobado por buen físico por los fisicos de la villa do hubiere de obrar o por otorgamiento de los alcaldes, e sobre todo haya carta”. Fuero Real de Alfonso X el Sabio Año 1255

Podemos decir que los orígenes documentados de nuestra profesión de médicos de atención primaria, datan del Fuero Real promulgado por Alfonso X El Sabio en 1255.

Desde esa fecha hasta hoy, aquellos físicos titulares de la edad media han atravesado diversas etapas. Así, en el Renacimiento sus actividades estaban controladas por el Real Tribunal del Protomedicato creado por los Reyes Católicos tras la unificación de los reinos de Castilla y Aragón en 1477.
En el S. XVIII, hay constancia de la figura del Médico Titular, también llamado médico de partido, municipales o de beneficencia.

La ley de sanidad de 28 de noviembre de 1855 reconoce que todos los ayuntamientos de España deben proporcionar asistencia facultativa gratuita a las familias pobres residentes en cada municipio. Este servicio se debía realizar por contratación directa entre los ayuntamientos y los médicos. 

El contacto de los médicos rurales con los grupos sociales de los pequeños núcleos agrícolas, sin duda los más desprotegidos, les condujo a asumir un compromiso humano, no solo con filantropía, sino que también les condujo a denunciar las disfunciones ante la Administración. No eran excepcionales los enfrentamientos con las autoridades locales, con los vecinos, grupos caciquiles y progubernamentales.

En este contexto, en 1921, durante la crisis social de la Restauración, un grupo de médicos rurales firma el Manifiesto de Haro, en que se aboga por primera vez en la literatura médica española por la “nacionalización de la medicina” y “asignar a cada médico la zona sobre la que ejercer la  inspección higiénica y sanitaria, con la obligación de prestar asistencia facultativa a los enfermos de la misma”.

De este modo se siembra el germen del sistema sanitario que tenemos a día de hoy, y del que todos nos sentimos orgullosos. Pero nada es lo suficientemente sólido como para bajar la guardia. Ha pasado casi un siglo desde aquel manifiesto y seguimos implicados en nuestro compromiso social, denunciando las disfunciones ante la Administración, al tiempo que aportamos soluciones como las que recogemos en el Documento AP 25. Esto nos ha llevado a exponerlas recientemente ante la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, para alertar de  los  peligros que acechan a la atención primaria si no cambiamos las políticas sanitarias que están minando al primer, y fundamental, nivel asistencial. En esa línea debemos continuar.
Nunca debemos olvidar nuestro pasado para mantener el rumbo.

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