Más del 25% del gasto total en salud tiene que ser sufragado directamente por el ciudadano europeo

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La reunión, en la que participaron ministros de salud de 15 Estados miembros y la presidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid, coincidió con el décimo aniversario de la firma de la Carta de Tallin, adoptada en 2008 por 53 Estados Miembros de la Región Europea de la OMS, en la que se subraya que "es inaceptable que las personas se vuelvan pobres como resultado de una mala salud". Los participantes parten de la cuestión de si, realmente, "¿pueden las personas pagar para el cuidado de la salud?".

"Los sistemas de salud han tenido un recorrido difícil desde que se firmó la Carta de Tallin. Diez años después, el clima económico es incierto, las brechas entre ricos y pobres continúan creciendo y el gasto público en salud no ha seguido el ritmo de las necesidades de las personas ", dijo la responsable de OMS Europa, Zsuzsanna Jakab. "Las familias tienen que pagar de su bolsillo por el cuidado de la salud. Para muchos es inaccesible. Instamos a los países a tomar medidas para mantener estos pagos de su propio bolsillo por debajo del 15% del gasto total en salud", añadió. Precisamente, la reunión de Tallín trata de honrar el legado de la Declaración de 2008 trabajando juntos para incluir, invertir e innovar para el bien de todos en la Región de Europa.
 
El decenio transcurrido desde la firma de la Carta de Tallin en 2008 comenzó con una crisis financiera y económica que ha amenazado el progreso hacia la cobertura universal de salud y ha puesto en peligro la inversión en saluden muchos Estados Miembros de la Región. Cuando se celebró la reunión de Tallin en 2008, la Unión Europea estaba perdiendo personas cuyas necesidades de servicios de salud no se estaban cumpliendo. La crisis revirtió este progreso. Entre 2008 y 2014, las necesidades no satisfechas aumentaron en muchos Estados miembros, con los mayores incrementos entre los más pobres.
 
Muchos países de ingresos medianos y altos de la Región aún dependen en gran medida de que ciudadanos y familias paguen de su bolsillo una gran parte de sus costos de salud. En concreto, en 2014, los pagos de los propios bolsillos de los ciudadanos representaron el 26% del gasto total en salud en promedio, con una variación sustancial (5-72%) en toda la Región europea. La nueva evidencia de la OMS muestra que estos desembolsos particulares tienen, precisamente, mayor impacto en los que menos pueden pagar la atención de la salud: los hogares más pobres, los pacientes crónicos y las personas mayores. 
 
Un estudio relacionado con esta problemática refleja que las dificultades financieras y la incidencia de gastos de salud empobrecedores o catastróficos, aumentan a medida que se incrementa la parte que cada ciudadano ha de pagar de su bolsillo, con respecto del gasto total en salud.
 
La solución, según los expertos, pasa por invertir en sistemas de salud.  Es un requisito necesario para reducir los pagos que han de realizar los propios ciudadanos. Asimismo, mejorar la política de cobertura es igualmente importante. Además, las dificultades financieras a menudo están relacionadas con el hecho de tener que pagar por los medicamentos, especialmente, por parte de las personas más pobres.
 
La Región europea tiene sólidos sistemas sanitarios, pero, a juicio de los expertos, muchos países pueden hacer más para evitar que las personas tengan que elegir entre atención médica y otras necesidades básicas. Proponen que los países reduzcan las dificultades financieras a través de un rediseño cuidadoso de los cargos a los usuarios para minimizar los copagos y garantizar una protección adicional para las personas pobres y los usuarios habituales de la atención médica.
 
La reunión de Tallín, que reunió a unos 250 responsables políticos y expertos de toda la Región OMS Europa, culminóo con una declaración final que renueve el compromiso con los valores de la Carta de Tallin, en la que se establecían una serie de medidas clave necesarias para fortalecer los sistemas de salud, mejorar la transparencia y para asegurar que el gasto en salud esté en consonancia con los objetivos perseguidos.