REFLEXIONES

Dra. Remedios Rico

Estamos a principio de un nuevo año y por inercia nos planteamos objetivos, propuestas más o menos realizables, propósitos asumibles o no que implican realizar un acto de reflexión y de introspección que, en teoría, nos va a conducir a mejorar nuestra vida.

Pues bien, yo este año sólo quiero ser feliz. ¿Puede haber mejor reto? Estamos a principios de un nuevo año y la inercia del hecho nos lleva plantear objetivos, a propuestas más o menos realizables, a propósitos asumibles o no pero, sea como sea, a realizar un acto de reflexión y de introspección.

Desde hace muchos años dedico mi vida a los demás. Tengo la profesión más bonita del mundo. Soy MÉDICO. Así sin tapujos.

Que fácil resulta decirlo pero que difícil es llevar a cabo mi trabajo día a día.

Formo parte de un colectivo totalmente feminizado donde compaginar vida laboral y personal es una utopía.

La tan manida expresión de conciliación de la vida familiar, laboral y personal es, a día de hoy, un imposible.

¿Dónde empieza mi yo personal y dónde el médico? ¿Dónde queda mi familia ante mi responsabilidad y mis obligaciones laborales? ¿Por qué mi vida tiene que ser siempre una elección? ¿Qué pesa más, mis hijos, mi pareja, mis amigos o mi trabajo?.

Desde hace tiempo la lucha interior es una constante. Siento que mi desarrollo profesional en un contexto donde el número de mujeres es mayoritario no es el que debería ser.

Conciliar es difícil. Siempre alguien pierde y, de momento, la balanza se inclina hacia la esfera personal.

¿Cuánto tiempo perdemos de disfrutar de los nuestros, cuántos domingos, cuántos cumpleaños, cuantas jornadas y guardias pagadas a precio de saldo.