VALORES DEL MÉDICO 2021
109 FELIPE RODRÍGUEZ DE CASTRO realizar actuaciones, y la autonomía profesional (sin dejarse influir por las numerosas presiones del entorno, ya sean administrativas, económicas R de ORV SURSLRV XVXDULRV eQ eO IRQdR eV OD E¼VTXedD de OD e[FeOeQFLD SURIeVLRQDO La fecha de caducidad de los conocimientos y destrezas médicas se adelanta a medida que el cambio tecnológico se acelera y, por este motivo, la necesidad de actualizarse es una de las exigencias que el médico experimenta de forma más acuciante que otras profesiones. Se estima que la Yida media de una ɁYerdad científicaɂ en medicina es de 50 años, y que cada 15 años se duplica el n¼mero de publicaciones científicas. 6e calcula que actualmente se produce un exabyte al día de información, mientras que a lo largo de los siglos y hasta principios del actual sólo se habían acumulado cinco exabytes de conocimiento. En las universidades españolas, el área de medicina y farmacología es la segunda en producción científica, con 11 . 70 documentos en la década 2006-15. 6e ha conjeturado que un internista necesitaría leer 17 artículos todos los días del año para mantenerse adecuadamente actualizado. Comprensiblemente, esta ‘obesidad informativa’ obliga a los médicos a ser verdaderos gestores del conocimiento en su ejercicio profesional y decidir, con saludable espíritu crítico, la utilización pertinente de estos avances en pacientes concretos. Tal y como señalan Gual, Oriol y Pardell en El médico del futuro, el médico ha de huir del cientificismo y aproYechar las bondades del método científico para incorporar a su ejercicio sólo las novedades tecnológicas debidamente contrastadas. En este sentido, conviene recordar que el gasto sanitario dedicado a procedimientos ineficaces o directamente perjudiciales puede alcanzar el 20% del gasto total según algunas estimaciones. La ‘obesidad informativa’ obliga a los médicos a ser verdaderos gestores del conocimiento en su ejercicio profesional Es evidente que una práctica clínica competente supone el uso del mejor conocimiento científico disponible. Hoy en día no es admisible el ejercicio de la medicina desconociendo la existencia de fuentes de información que permiten una práctica profesional actualizada. Sin embargo, como ya se ha adelantado, es fácil extraviarse en la inmensidad inabarcable de la bibliografía médica. El desafío de mantenerse actualizado con esta sobredosis de información y, en consecuencia, poder garantizar la mejor asistencia posible a los pacientes viene favorecido por la fácil accesibilidad a la información, el almacenamiento electrónico de datos, la comunicación instantánea, permanente y sin fronteras, y el surgimiento de movimientos como el de la medicina basada en la evidencia, que han contribuido decisivamente al pensamiento y la lectura crítica de la literatura médica. En la actualidad, una práctica clínica basada en la rutina o en opiniones no respaldadas por pruebas es inaceptable. Este progreso, aparentemente ilimitado y benéfico, e[horta a la refle[ión sobre aspectos como la equidad, la efectividad y la sostenibilidad de las nuevas tecnologías. El hecho de que la tecnología forme parte indisociable de su ejercicio no debe hacer caer al médico en la fascinación tecnológica irrefle[iYa Ⱦque frecuentemente genera nueYas incertidumbres– ni, por el contrario, en la resistencia irracional a los avances diagnósticos y terapéuticos por sentirse confortable con los procedimientos tradicionales. Un médico competente, con capacidad científico-técnica y humana para practicar el ejercicio de la
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